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ELEMENTOS PARA EL ANÁLISIS DE LA SITUACIÓN POLÍTICA INTERNACIONAL

Los últimos acontecimientos en el terreno internacional muestran indicios de la profundización de cambios en el equilibrio de poder entre las potencias imperialistas: EE. UU., UE, Gran Bretaña, China y Rusia. Los resultados de estos cambios se manifiestan produciendo una gran inestabilidad economía, política, social y estratégica en el mundo. Se ha agudizado la disputa por un nuevo reparto del mundo. Por lo que el devenir de estos cambios debemos analizarlos desde perspectiva reaccionaria de las potencias imperialistas, desde los intereses de las grandes masas, y desde la visión de la construcción del socialismo.

Vivimos en “la época del imperialismo y la revolución proletaria”, señaló Lenin, puntualizando que “el imperialismo es la reacción en toda la línea”. Por lo tanto, el agravamiento de la disputa entre las potencias agudiza los factores de guerras en el mundo. La disputa por el control de Irak, que enfrentó a Irán y los EE. UU., tras la muerte de Qasem Soleimani a principios de 2020 y que llegó al borde una escalada de guerra en el Medio Oriente, puso en vilo al mundo.

Este hecho reciente demostró un nuevo intento por parte del imperialismo yanqui de conservar sus posiciones en Medio Oriente, y lo intenta en la alianza con gobierno de Israel y su “plan del siglo para Medio Oriente” Este Acuerdo concede a Israel gran parte de sus históricas aspiraciones, mientras que ofrece poco o nada las autoridades palestinas. Pero se ha encontrado con enemigos muy poderosos en la zona que son el imperialismo Chino que, junto al Imperialismo Ruso, han forjado una potente alianza no solo en lo militar sino también en lo económico y lo financiero y, tienen de aliado al régimen Teocrático de Irán. Esta alianza estratégica ha respaldado a Irán y ha hecho retrocederé a los yanquis en sus intenciones de generar más acciones militares o una intervención directa contra el país persa. Esta es una nueva situación de cambio de equilibrio mundial viene profundizando desde la gran crisis económica del 2008 y, muestra al retroceso estratégico de una gran potencia imperialista como lo es EEUU en Asia, en beneficio de China-Rusia, la alianza imperialista emergente.

A pesar de que Donald Trump constantemente amenaza verbalmente a sus rivales, EE.UU. cada vez más se refugia en su territorio y cede en su rol de “gendarme del mundo”.

Desde el final de la Segunda Guerra Mundial, Estados Unidos, luego de tirar dos bombas atómicas sobre el territorio Japonés y causar la muerte de millones de personas, se autoerigió como guardián de la democracia y los derechos humanos en cualquier lugar de Mundo. Con ese discurso, justificó su intervención militar en cualquier parte del planeta, desde la península de Corea y Vietnam hasta Filipinas, Panamá o el Golfo Pérsico, África. Pero no tenían solo un discurso, los EE.UU. tenían, y tienen, la mayor fuerza militar del mundo, desplegada por todos los mares con 7 flotas no todas operativas. El final de la guerra fría y el sinceramiento capitalista de la URSS, con su posterior colapso en 1991, fue otro jalón para Estados Unidos hacia la superioridad económica, política y militar.

Durante más de 25 años parecía que no había discusiones al respecto, pero distintos acontecimientos recientes muestran que esta situación ha cambiado. China ha demostrado estar en condiciones de enfrenta la escalada de agresión estadounidense. Así ha quedado demostrado en relación a la guerra comercial que enfrenta a ambos países. En la última reunión del G20, en Osaka, Japón y, más cercanamente en el tiempo, el 15 de enero de 2020, en Washington firmaron la «Fase uno» del acuerdo comercial [1] (Ver: Hoy N° 1799 22/01/2020), luego de 18 meses de guerra económica que pasó por momentos de mucha tensión. Este acuerdo muestra una distención relativa en la escalada de enfrentamiento en las relaciones entre ambas potencia, pero muestra que China no cede y enfrenta por el control.

Cuando los imperialistas acuerdan se preparan para la guerra (Lenín), tensan sus relaciones, se enfrentan en la guerra y acuerdan la paz en relación a las necesidades económicas de las burguesías que gobiernan sus países. Cuando Trump asumió el gobierno de EEUU. Esté país tenía una balanza comercial muy desfavorable con China, un gran endeudamiento y un desempleo alto. Sus políticas proteccionistas lograron repatriar empresas, bajar el desempleo y el déficit, pero desataron una guerra comercial con el país asiático. En la actualidad el producto bruto geográfico de China casi ha alcanzado al de EE.UU.

Esto se le suma que el desarrollo del Fraking como método de extracción de petróleo ha permitido a EE.UU. lograr su autoabastecimiento. Por lo tanto, además de que ha bajado el precio del barril de crudo a nivel mundial, EE.UU. ya no depende de la provisión exclusiva de petróleo de los países árabes, de México ni de Venezuela. Por lo tanto, se siente menos motivado a involucrarse en conflicto en medio oriente. Desde el inicio la administración Trump, les pidió a sus socios europeos de la OTAN que tengan más protagonismo en medio oriente y el norte de áfrica, que es de donde ellos se abastecen de energía.

Esa táctica de “refugiarse” en su territorio, lo ha beneficiado, pero a la vez también le hace ceder terreno a nivel internacional. ¿Qué sentido tiene mantener operativa flotas navales con un presupuesto mayor a los 150.000 millones de dólares si no necesitan intervenir para robar el petróleo otro país? Cada flota tiene casi cien naves, incluyendo un porta avión y submarinos, son miles de soldados a bordo, y lo que eso significa en gastos de combustibles, alimentos, medicinas, municiones, salarios, etc.

Pero la política de agresión permanente de EE.UU, en relación a lo militar, a lo político, como en lo económico, especialmente en lo económico, a países que considera que no se alinean con sus políticas, ha anudado una alianza entre China y Rusia en esos tres aspectos. Rusia, luego de las sanciones económicas como represalia por su intervención en el conflicto con Ucrania fortaleció su relación económica con el gigante asiático (China)

A partir de 2014 China y Rusia iniciaron un proceso de ventas de los bonos de la reserva federal de EE.UU, que poseen en sus carteras, esto fue coincidente con la guerra de Donbáss (Ucrania) y tras la amenaza de EE.UU. de desconectar a Rusia del sistema transacciones financieras internacionales (SWIFT)[2]. Esta es un arma que tiene Occidente para hacer frente a cualquier pretensión de eludir o modificar el sistema de dominio económico y financiero. El SWIFT es el sistema que controla todas las comunicaciones financieras entre bancos y otras entidades financieras y se estima que mueve más de 6.000 millones de dólares diarios. Esto profundizó los acuerdos estratégicos entre los dos gigantes asiáticos.

Hoy en día, el eje de la producción mundial de bienes y servicios se está desplazando del oeste al este, e incluso muchas transacciones financieras entre países como China, Rusia o la India se producen en yuanes, rublos o rupias, lo que está generando un fuerte deterioro en el peso del dólar como moneda internacional. Para generar confianza en los inversores muchas de estas potencias están recurriendo nuevamente al oro, como patrón de cambio, por lo que tanto China como Rusia (que cuentan entre las dos con reservas de alrededor de tres mil tonelada de oro) se han lanzado a la compra del oro. Por otro lado, China planea deshacerse de los bonos del tesoro de EEUU que mantiene por un valor aproximado de más de 1,25 billón de dólares, que se ha ido desprendiendo lentamente desde 2015. Si todavía no lo hace masivamente es por que provocaría un gran descalabro en todo el sistema financiero a nivel internacional.

En este nuevo panorama de la economía mundial juega un rol muy importante el BAII (Banco Asiático de Inversión en Infraestructura), el NBDA (Nuevo Banco de Desarrollo Asiático) y la organización de cooperación de Shanghái que reúne más de 60 países de Asia y del mundo y que tiene la misión de otorgar créditos a bajas tasas de interés y sin condicionamientos político, lo que puede llevarlo en un futuro a convertirse en el nuevo Fondo Monetario Internacional de los imperialistas emergentes. Todos estos organismos financieros son claves para los objetivos estratégicos para la expansión del imperialismo Chino que tiene como medio para conseguirlos la alianza con los países de Asia, África y América a través de la inciativa de “la franja y la ruta”. Parte del éxito de “la franja y la ruta” está supeditado a la alianza económica y comercial entre China, Rusia e Irán, India. Pero principalmente entre China y Rusia, los que han generado un gasoducto desde la Siberia occidental y desde la Siberia oriental que pretende proveer más de 100 mil millones de metros cúbicos de gas licuado a China en 5 años. Esto es fundamental para poner a andar la maquinaria industrial China que se prevé puede superar la capacidad industrial estadounidense en el año 2027.

Además, desde la Guerra Civil en Siria y la invasión Rusa a la Península de Crimea, Putin ha demostrado que no está dispuesto a ceder más terreno. China e Irán, han formado un eje que doblegó al Estado Islámico (ISIS) y mantienen control sobre la región. La alianza estratégica de Rusia y China, ha conformado un bloque continental asiático que subordina a Europa, a través del suministro de gas y otras materias primas.

A su vez, Estados Unidos tiene problemas en su “patio trasero”, como llaman a América Latina. Como en juego de ajedrez las distintas potencias imperialistas se disputan palmo a palmo el control de la zona. En Venezuela, a pesar de las intentonas golpistas se mantiene Maduro, y en las últimas semanas Juan Guaidos (Presidente de la Asamblea Nacional de Venezuela), el principal opositor, ha pedido negociar con el gobierno que hasta hace un mes no reconocía. Los yanquis lograron instalar a Bolsonaro en Brasil, pero éste tiene muchas dificultades para gobernar e imponer su política de ajuste, y su vicepresidente Hamilton Mourão firmó acuerdos comerciales con China. Chile, el país supuestamente más proclive al acuerdo con los yanquis, está muy relacionado comercialmente con los chinos. Paraguay, Uruguay y Argentina venden la soja al país asiático, por lo tanto por más que a nuestros gobernantes les gustaría hacer acuerdos con Fmi o EEUU tienen que responder a la necesidad de sus socios de la oligarquía terrateniente.

Estadounidenses, europeos, chinos, rusos disputan comercial y militarmente (con la instalación de bases militares, disfrazadas de científicas) América Latina. Pero los pueblos se resisten a seguir soportando políticas de ajuste en función de los intereses imperiales y las clases dominantes locales, por lo que protagonizan luchas y rebeliones como en Ecuador, Chile, Argentino, Nicaragua, etc. para sacudirse el yugo de la dominación.

Otro tema de preocupación para los EE.UU en América, es que el fenómeno de las migraciones masivas no se detiene. Tienen una situación compleja en los estados de la frontera sur con México. Los países que el imperialismo estruja por sus materias primas, quedan empobrecidos y sus pueblos deciden emigrar a las metrópolis donde se concentra la riqueza. Nevada, Nuevo México y Texas, territorio que fueron arrebatados a México antes de la guerra de secesión, hoy son poblados por nuevas minorías hispanas que van ganando protagonismo interno. En Europa tienen el mismo caso con los inmigrantes africanos que cruzan el Mar Mediterráneo.

Este es un nuevo ciclo, dentro de la etapa del imperialismo y las revoluciones proletarias. Es un momento bisagra en la situación política mundial, de aparente paridad estratégica, entre dos bloques en pugna, y donde los Estados Unidos se repliegan hacia su territorio. Esta nueva situación plantea interrogantes para los movimientos antiimperialistas y la clase obrera mundial ¿Va a traer condiciones favorable a la lucha por la liberación de los pueblos? La historia muestra que todas las causas que supieron aprovechar las disputas antiimperialistas triunfaron, no así las que eligieron apoyar un imperialismo para luchar contra otro.

Alberto I. Agüero – Colaborador de EdeO