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¿Dónde está el piloto? La actuación de la UNSJ en tiempo de Covid-19

Cuando pensé en escribir este artículo, motivado por los acontecimientos transcurridos desde que fueran cerradas a la actividad todas las Facultades y Unidades Académicas de la UNSJ, me vino inmediatamente a la memoria esa vieja película con el título “¿Dónde está el piloto?”. Mi curiosidad me llevó inmediatamente a Google y descubrí una curiosidad adicional: el título original en inglés fue “Aterriza como puedas”. La metáfora con los hechos ocurridos desde el 20 de marzo, cerraban a la perfección con ese desafortunado vuelo.

Han pasado más tres meses de pandemia y es de rigurosa necesidad hacer un breve análisis de la actuación de la Universidad frente a la sociedad toda y al interior de la misma.

Lo que digo es que, a la UNSJ, la pandemia le ha dejado una doble crisis: su participación en una crisis sanitaria y una crisis académica e institucional.

En cuanto a la crisis sanitaria, al no haberse producido ningún caso comprobado de Covid-19 en San Juan, y al corresponder el principal papel en ésta al Sistema de Salud Pública. La UNSJ no tenía mucho que hacer, salvo el hecho que en nuestra institución se forman enfermeros. Por lo tanto, el papel fundamental de nuestros profesionales, ha sido cumplido en el marco de la Salud Pública y Privada Provincial, aunque también surgieron iniciativas y actividades de solidaridad como las del personal de la Universidad.

En el mismo sentido, también se organizaron operativos de donación y distribución de alimentos por parte de ADICUS, el Centro de Estudiantes de la FFHA y otras. La mayor parte de estas actividades se organizaron espontáneamente.

Respecto a la Pandemia misma, fue llamativa la ausencia de opiniones profesionales y técnicas frente al monologo gubernamental. A pesar de que la Universidad tiene su propio canal de televisión y radio

En el plano académicos, salvo las medidas adoptadas por la FFHA, activando distintos dispositivos, como ayuda psicológica a los estudiantes, provisión de viandas por cierre del comedor, garantizar la llegada de apuntes y bibliografía a los domicilios de los alumnos, etc.; la mayor parte de la actividad de clases ha estado librada a la enorme voluntad de los docentes, quienes espontáneamente se pusieron manos a la obra y, por ensayo-error van sacando adelante como pueden los cursos y materias. Principalmente aumentando las horas de trabajo.

Sin presencia pública ante la sociedad sanjuanina, sin directivas claras respecto al papel institucional y social a cumplir, sin directivas prácticas de cómo resolver el día a día de dar clases en circunstancias excepcionales, el Rector Oscar Nasisi y su equipo se comportó como un equipo perdido, sin liderazgo ni objetivos, dejando que la crisis arrastrara a la universidad a un «impasse», privilegiando el no actuar por el “riesgo de meter la pata” en un año electoral.

Muchas son las prácticas y creencias que han puesto en evidencia que la UNSJ así no puede seguir.

Desde los adoradores de las tecnologías educativas, que creían que todo se podía solucionar con ellas, al re-descubrimiento de que la presencialidad de los docentes es insustituible; la falta de preparación de la Universidad y los docentes para el uso de estas tecnologías; la falta de una plataforma tecnológica eficiente y conectividad efectiva; la sistemática ausencia de nuestros intelectuales en los medios universitarios y provinciales; la carencia de preparación intelectual de muchos de los profesionales que ocupan Secretarías claves a la hora de poner en práctica soluciones concretas; la enorme dificultad que se ha mostrado a la hora de mantener vinculado al estudiante con la Universidad. La Pandemia ha mostrado a todos las debilidades y las virtudes de nuestra Universidad y en general no hemos quedado bien parados. Las evaluaciones de “expertos nacionales” por las que han pasado distintas Unidades Académicas se han mostrado como falaces. La academia universitaria, más allá de la voluntad de los docentes, Paus y alumnos concretos, ha estado ausente. Y el hecho de que no se haya caído del todo en el desastre, salvo honrosas excepciones, no ha sido mérito de los máximos niveles de autoridad.

Nadie sabe dónde estaba el Rector en este tiempo, si se reunía, con quién, cuáles eran las decisiones, etc. Ante los ojos de la comunidad universitaria, nuestra institución ha sido un avión sin piloto, donde la consigna de hecho es “aterriza como puedas”.

FUENTE
Héctor A. Mugas