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Parque Sarmiento: La otra cara después del incendio

Por : Sofia Lis Llopiz

La resiliencia es una palabra que se escucha mucho en nuestros días y como todo concepto, corre riesgo de sobrevalorarse. Tras los incendios en Zonda de Junio y Julio de 2022, en medio de la crisis ambiental que atraviesa el mundo entero, buscar algún tipo de consuelo es entendible. Palabras como «recuperación» pasan a ser un faro de esperanza. Sin duda lo son. Pero a veces, estos conceptos se acompañan con adjetivos como «Rápida»; «Pronta»; «Fácil»; y frases: «esto ya pasó antes» o «después de los incendios, la vida vuelve con más fuerza»; incluso leímos por ahí algún desliz que versaba «con fe en Dios, el verde volverá». Y la realidad es que la situación es bastante más compleja.  

Lo primero que debemos entender es que en Zonda no sólo se quemó el carrizo del Parque Sarmiento. Sin ánimos de restarle gravedad a este aspecto, sino sumarle, queremos que quede claro que las áreas quemadas fueron diversas, la afectación en cada una de ellas es diverso, y repercute en las demás. Esto último es importante, ya que por más que el totoral «vuelva», si las áreas colindantes están desertificadas, desmontadas, sin sombra ni retención de humedad, en verano o con vientos zondas, las temperaturas serán mucho más altas, aumentando el estrés, la temperatura ambiente, el riesgo de incendios y la propagación de fuegos intencionales. Además, la recuperación del carrizal dependerá lisa y llanamente de la vuelta del agua. Si el agua no es suficiente, como claramente no lo ha sido en estos años, el verde prometido, no volverá. El clima, por su parte, juega un rol fundamental y es diferente al de otros años. Finalmente, las decisiones políticas también cambian. Entonces, difícilmente podemos creer que la recuperación y la resiliencia pos incendio sea algo simple, mucho menos, asegurado.

En Zonda se quemaron especies arbóreas de gran porte como algarrobos, tuscas y aromos, y un sotobosque de chañares, chilcas, piquillines, molles, jarillas, pájaro bobos y juveniles. Todas ellas dependen mayormente del agua subterránea, que a su vez viene bajando año a año. Como dijimos: la recuperación está íntimamente ligada al caudal de agua disponible. Pero para que haya agua disponible, tanto superficial como subterránea, debe darse un escenario favorable no solo de recarga (nevadas) sino de manejo y distribución. De nada sirve que nieve si el agua se sigue destinando exclusivamente a usos antrópicos. Por ley existe una cota mínima para el Dique de Ullum de 750 msnm, en aras de evitar lo que justamente está ocurriendo. Si el dique baja por debajo de esa cota, los esteros se secan, y en consecuencia: se llena de biomasa combustible. Por otro lado, el caudal superficial del río San Juan se ha entubado casi por completo, anulando los ecosistemas fluviales, bloqueando la recarga del acuífero, favoreciendo su salinización y deprimiendo los ecosistemas freatófitos. El resultado de todo esto: colapso ambiental. Biólogos hablan de «caudal ecológico», un caudal mínimo de agua tanto superficial como subterránea, necesario para que exista la vida, incluso la nuestra.  

En Zonda se quemaron especies exóticas como eucaliptus, álamos y tamarindos, y hasta jardines enteros. Si sumamos todas estas áreas a las anteriores, comprenderemos que el escenario pos incendio se llama DESERTIFICACIÓN. Un área sin vida ni sombra no tiene posibilidades de retener humedad y queda expuesta al sol y al viento, aumentando la evaporación del poco recurso hídrico que pueda recibir.

La recuperación depende, en conclusión, del agua, del clima, de las especies en sí mismas y del factor humano. La deforestación y el desmonte no se arreglan con un par de lluvias. Hace falta una mejora considerable de las condiciones para que un área natural pueda desarrollarse plenamente y cumplir con sus servicios ecosistémicos.

Si hablamos de fauna, el escenario es todavía más complicado. Todos nosotros somos fauna y no sentimos afinidad alguna con quemarnos o con respirar aire privado de oxígeno ¿Verdad? Debemos pensarlo igual para los animales. Incluso aquellos individuos que escaparon o se refugiaron bajo tierra, sufrieron luego por la falta de comida, contaminación y estrés. Los tiempos y espacios para la fauna son siempre mucho más críticos que para las especies vegetales.  Y no está demás recordar que los animales domésticos que murieron, sobretodo caballos, fueron víctimas de la irresponsabilidad, explotación y maltrato en el que aún vive sumergida nuestra provincia. Cada muerte fue un crimen.

San Juan, a pesar de que algunos no lo crean, tiene posibilidades de ser un lugar amable, verde, con sombra, y no un paisaje distópico de escombros, desmonte y cemento. Lo será, al igual que el resto del mundo, cuando se elijan otro tipo de economías, y sobretodo, cuando se cambie la relación con la naturaleza. Las especies vegetales nativas, tan generosas e injustamente perseguidas, son especies que consumen menos agua, que crecen solas, que se dan mejor en nuestras condiciones naturales; que se llenan de aves, de vida, que dan alimento, paisajes únicos y una identidad. Si afinamos la mirada, veremos desmonte en todas partes, y eso tiene un costo ambiental.

Pero si nos entregamos a la realidad de ser una provincia sin bosques autóctonos, sin monte, sin humedales; nos entregaremos de brazos abiertos a las olas de calor, al polvo en suspensión, a los deslaves durante las tormentas; a vivir sin aire puro, sin flora ni fauna, a ser una mala copia de otra parte, a una pésima calidad de vida, y a un largo etcétera. No habrá sector social que no se vea afectado. El Turismo, que en el último tiempo había iniciado la no fácil tarea de posicionar a la provincia como capital nacional del turismo natural y científico (astroturimo, geoturismo, bioturismo), retrocedió casilleros con cada hectárea quemada y desmontada. Quienes nos dedicamos a estas disciplinas, a la educación al aire libre, a la investigación de la naturaleza, a la divulgación científica, a la conservación, hemos visto devastados casi al cien por ciento nuestros sitios por problemas ambientales en el plazo de un año.

Llamamos a la participación de toda la comunidad en las acciones y propuestas tales como:

– Pedir por las cotas adecuadas de agua superficial y subterránea necesarias para el funcionamiento de los ecosistemas

– Evitar la sequía y el desmonte

– Conservación y Reforestación con especies nativas y apropiadas

– Evitar el manejo con fuego

– Pedir por la restauración y preservación del Parque Provincial Presidente Sarmiento (tanto el sector acuático, humedal y monte nativo) y de todas las áreas naturales de la provincia

– Pedir por el Ordenamiento Territorial del Parque Provincial Presidente Sarmiento: separándolo de las áreas en confluencia con Hidráulica y de actividades antrópicas contaminantes así como de líneas de tensión eléctrica

– Controlar y mejorar la eficiencia en los métodos de riego y en el uso del agua en todas las actividades en toda la provincia

– Contar con Dotaciones de Bomberos equipados, motobombas a combustible (en caso de cortes de luz) y reservorios de agua en todos los departamentos para apagar a tiempo los fuegos

El 27 de Junio y el 6 de Julio de 2022 no se nos quemó la casa, pero se nos quemó el mundo

 Fuente fotografía: Virginia Moreno y José Luis Martínez

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