¿Y SI EL VIOLENTO ES UNO DE LOS NUESTROS?
María Arroyo
Siempre que nos toca hacer pública una situación de violencia de género hablamos de varones violentos. Denunciamos, acompañamos, visibilizamos y recurrimos a todas las herramientas que las mujeres hemos construido a lo largo de los años para protegernos entre nosotras, sostener a quien se anima a hablar e intentar que a otras no les suceda lo mismo.
Durante mucho tiempo el feminismo fue construido por mujeres que organizaron para protegerse, escucharse y transformar sus propias experiencias en una herramienta colectiva, poner en agenda todas las problemáticas, impulsar leyes etc. Con el crecimiento del movimiento también aparecieron varones que se acercaron a esos espacios. Algunos además ocupan lugares de liderazgo, hablan de política, de economía, defienden causas justas y son reconocidos por su compromiso.
Es más sencillo identificar la violencia cuando deja marcas visibles o configura un delito evidente. Pero existe otra violencia, la manipulación, el control, el abuso de poder, las dinámicas que se sostienen en el carisma, el prestigio o el lugar de referencia que ocupa quien las ejerce. Violencias que muchas veces quedan invisibilizadas porque quien las practica es visto como un «aliado».
Lo que ocurre hoy con la denuncia de Cecilia Ce, también nos recuerda que ninguna mujer está exenta de atravesar una situación de violencia. Si una mujer con visibilidad pública, con herramientas, formación y con presencia en los medios y las redes sociales puede denunciar haber vivido una situación de este tipo, entonces es evidente que esto puede ocurrirle a cualquiera de nosotras, en cualquier ámbito, incluso dentro de los espacios de militancia, lugares que consideramos seguros. La estructura del sistema patriarcal no reconoce compromiso social, banderas políticas, clases sociales, ni niveles de formación, nos golpea a todas por igual.
En ese sentido, también es importante reconocer la decisión de las mujeres de La Garganta Poderosa de separar a Nacho Levy de sus funciones a raíz de la denuncia. Porque cuando una organización decide priorizar el cuidado de quienes denuncian y actuar frente a una situación de esta naturaleza, envía un mensaje claro. La coherencia también se expresa en las acciones, especialmente cuando quienes son señalados forman parte de nuestros propios espacios.
Porque un «aliado» no es quien habla de feminismo. Un «aliado» es quien cuestiona sus privilegios, quien no ejerce violencia, quien no manipula, quien no utiliza su posición para dañar, quien no intenta ocupar espacios que no le corresponden y quien construye vínculos desde el respeto. Esa es la coherencia que deberíamos exigir, más aún cuando se trata de los nuestros. Es fundamental poner en discusión dentro de cada uno de nuestros espacios estas problemáticas, no se puede ser refugio de violentos y debemos tener claro el accionar en caso de que suceda. Las mujeres venimos sufriendo ataques desde todos los frentes, una mujer muere por femicidio a diario, sumado al avance feroz de la derecha, salarios de hambre, desempleo, quita de derechos, desmantelamientos de los programas de prevención y atención a las víctimas, la ridiculización y ataque a nuestras conquistas son una constante diaria por el gobierno y sequitos, por ello debemos tener espacios que no solo nos contengan para lucha, también debemos sentirnos respetadas, seguras y en igualdad de condiciones, sin “aliados” que invadan espacios, o violentos que se oculten detrás de causas justas, queremos compañeros con los que pelear y construir un sociedad más igualitaria.
