El Tratado de Integración Minera con Chile reavivó el debate sobre el futuro de los proveedores sanjuaninos
En las últimas semanas, el foco de la discusión minera en San Juan se desplazó hacia el Tratado de Integración y Complementación Minera entre Argentina y Chile, un acuerdo binacional vigente desde el año 2000 que facilita el desarrollo de proyectos ubicados en la zona de frontera. El tratado permite, entre otros aspectos, compartir infraestructura, simplificar el tránsito de personal, equipos e insumos y hacer económicamente viables emprendimientos que, por su ubicación geográfica, requieren operar a ambos lados de la Cordillera de los Andes.
La preocupación surgió a partir del avance de grandes proyectos de cobre como Filo del Sol, Josemaría y El Pachón, cuyo desarrollo podría apoyarse en puertos, caminos, proveedores y servicios instalados en Chile. Si bien esta integración promete reducir costos y agilizar la logística, las cámaras de proveedores mineros de San Juan advierten que también puede generar una competencia desigual para las empresas locales.
Los representantes del sector sostienen que Chile posee una industria minera con décadas de desarrollo, mayor infraestructura, cadenas de abastecimiento consolidadas y empresas especializadas que, en muchos casos, pueden ofrecer servicios a costos más competitivos. En ese escenario, temen que una parte importante de las contrataciones y del valor agregado quede del otro lado de la cordillera si no se implementan políticas que prioricen la participación de proveedores sanjuaninos.
Por ello, las cámaras empresarias reclaman que el crecimiento de la minería vaya acompañado de una política efectiva de desarrollo local. Entre sus principales pedidos figuran la promoción del «compre sanjuanino», la capacitación de mano de obra provincial, reglas claras para las licitaciones y mecanismos que permitan a las pequeñas y medianas empresas competir en igualdad de condiciones.
El debate no cuestiona la integración con Chile ni la llegada de inversiones. La discusión se centra en cómo lograr que los beneficios económicos de los grandes proyectos se traduzcan en más empleo, mayor contratación de empresas locales y un impacto positivo para la economía de San Juan. En otras palabras, el desafío es encontrar un equilibrio entre la competitividad que ofrece la integración binacional y la necesidad de fortalecer el entramado productivo provincial.
