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Acuerdo con Estados Unidos y suba de la carne: el costo interno de una política de alineamiento externo

El reciente entendimiento entre Argentina y Estados Unidos, presentado por el Gobierno nacional como un avance en la relación bilateral y una oportunidad para atraer inversiones y ampliar exportaciones, vuelve a poner en debate el impacto real de este tipo de acuerdos sobre la economía cotidiana de la población.
Si bien desde el Ejecutivo se insiste en los beneficios de una mayor apertura comercial y alineamiento con la principal potencia mundial, en los hechos comienzan a sentirse efectos negativos en el mercado interno. Uno de los más sensibles es el aumento sostenido del precio de la carne, un alimento central en la dieta de los argentinos.
La mayor orientación del sector cárnico hacia la exportación, incentivada por acuerdos comerciales y la desregulación del mercado, reduce la oferta disponible para el consumo interno. Como consecuencia, los precios suben y el acceso a la carne se vuelve cada vez más difícil para amplios sectores de la población, especialmente trabajadores y jubilados, cuyos ingresos vienen perdiendo poder adquisitivo frente a la inflación.
Este escenario vuelve a mostrar una tensión histórica: acuerdos pensados para favorecer el ingreso de divisas y satisfacer demandas externas terminan profundizando desigualdades puertas adentro. Mientras se celebran exportaciones récord y se habla de “confianza de los mercados”, en los hogares argentinos la carne se convierte en un lujo y no en un alimento básico.
Diversos especialistas advierten que sin políticas activas que protejan el mercado interno —como controles, cupos o incentivos al consumo local— estos acuerdos tienden a beneficiar a grandes exportadores, dejando al resto de la sociedad expuesta a subas de precios y pérdida de soberanía alimentaria.
En ese contexto, el debate no pasa solo por con quién se firman acuerdos, sino para quiénes están pensadas las políticas económicas. Porque cuando el precio de la carne sube, el impacto no es abstracto: se traduce en menos comida en la mesa y en una calidad de vida cada vez más deteriorada.