Agostina y el límite que no debe cruzar el periodismo: cuando el morbo ocupa el lugar de los derechos
El femicidio de Agostina Vega reabrió una discusión urgente: cómo comunicar estos crímenes sin vulnerar derechos. Especialistas de la UNSJ sostienen que los medios deben abandonar el sensacionalismo y asumir una mirada centrada en los derechos humanos y la perspectiva de género.
Tras ocho días de intensa búsqueda, el domingo 31 de mayo las autoridades confirmaron que Agostina Vega, la adolescente de 14 años desaparecida en la provincia de Córdoba, había sido asesinada. El femicidio de la joven, ocurrido a pocos días de una nueva conmemoración del Ni Unx Menos, volvió a poner en discusión cómo los medios de comunicación, tanto nacionales como provinciales, abordan estos crímenes y la necesidad de informar desde una perspectiva de derechos humanos y de género.
Para Luciana Coria, docente de la cátedra Comunicación, Derechos Humanos y Perspectiva de Géneros de la Facultad de Ciencias Sociales (FACSO) de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ), el primer paso es nombrar correctamente lo ocurrido. “No hay un asesinato o una muerte, sino que hay un femicidio, y así lo dice nuestro marco legal. Es fruto de una lucha para reconocer una problemática donde ocurre un femicidio cada 31 horas en nuestro país”, sostuvo.
La docente señaló que el tratamiento mediático observado durante la búsqueda de Agostina y después del hallazgo de su cuerpo estuvo lejos de incorporar una mirada respetuosa y centrada en los derechos humanos. “El abordaje debe tener una perspectiva de derechos humanos y de géneros, algo que no se vio en el tratamiento morboso sobre la noticia”, afirmó.
La cobertura de casos de violencia de género cuenta desde hace años con recomendaciones elaboradas por organismos especializados, entre ellos la Defensoría del Público. Estas guías plantean la necesidad de evitar la espectacularización, no difundir detalles escabrosos, proteger la intimidad de las víctimas y contextualizar los hechos como parte de una problemática estructural.
En esa línea, Carolina Navarro, también docente de la cátedra, remarcó en Radio U que uno de los errores más frecuentes es la búsqueda de detalles que no aportan información relevante. “Los detalles no se deben dar nunca porque no son relevantes para el caso. Nosotros como periodistas debemos hacer hincapié en los derechos de Agostina. La mayoría de las notas se centran en quién era ella, quién era la madre o qué hacía, pero esas no son las preguntas que debemos responder”, explicó.
Para Navarro, el foco debe desplazarse desde las conductas de las víctimas hacia las responsabilidades individuales y colectivas que permiten que estos hechos ocurran. “Las preguntas correctas son: ¿Por qué suceden estos casos? ¿Por qué hay femicidios? ¿Quiénes son esos femicidas?”, planteó.
La tendencia a poner bajo la lupa la vida privada de las víctimas o las decisiones de sus familias es una práctica ampliamente cuestionada por especialistas en género, ya que reproduce mecanismos de culpabilización y desvía la atención de las verdaderas causas de la violencia machista. En el caso de Agostina, ambas docentes coincidieron en que gran parte de la cobertura se concentró en aspectos secundarios mientras quedaban relegados elementos fundamentales para comprender el contexto del hecho.
“La discusión no debe ser terminológica, sino enfocarse en por qué muere una mujer o una niña cada día”, expresó Coria al analizar las repercusiones posteriores al hallazgo del cuerpo.
La especialista también destacó que el caso obliga a revisar el funcionamiento de las instituciones y las respuestas estatales frente a situaciones de violencia previa. “Hay que discutir que mataron a una adolescente de 14 años. Esa persona ya tenía antecedentes de violencia de género y trabajaba en un ámbito estatal; hay que analizar cómo ingresó allí con esos antecedentes”, señaló.
Entre el derecho a la información y la lógica del espectáculo
Las docentes advirtieron que, en un escenario atravesado por la competencia por las audiencias, muchas coberturas terminan privilegiando el impacto emocional por encima de la información rigurosa.
“¿Qué pasa con los medios que, teniendo guías para el tratamiento respetuoso de estos temas, vuelven al morbo y a lo macabro porque vende? Existe una lucha por el rating o los likes que lleva a la espectacularización”, cuestionó Navarro.
La preocupación no es menor. Cuando la cobertura se centra en detalles escabrosos, reconstrucciones morbosas o especulaciones sobre la vida de las víctimas, se corre el riesgo de profundizar el dolor de las familias y de reforzar estereotipos que naturalizan la violencia de género.
Desde la Universidad, explicaron, la formación de futuros comunicadores incluye una reflexión permanente sobre el tratamiento de temáticas sensibles. “Formamos a los estudiantes para que sean comunicadores responsables en discapacidad, diversidades y géneros. Queremos una información respetuosa de las familias y amigos, evitando culpar a la madre o a los abuelos por dejar salir a la niña”, sostuvo Navarro.
Las especialistas coincidieron en que es posible comunicar de otra manera: nombrando los hechos como femicidios, contextualizando la violencia de género como una problemática estructural, evitando el sensacionalismo y brindando información útil para quienes atraviesan situaciones similares.
Las cifras que reflejan una problemática persistente
Los datos difundidos por el Centro de Abordaje y Contención de Violencia Intrafamiliar y de Género (CAVIG) muestran la magnitud de la demanda institucional vinculada a situaciones de violencia en San Juan.
Entre enero y mayo de 2026 se registraron 6.691 atenciones, entre asesoramientos, orientaciones, formularios de protección, denuncias, entrevistas, comparecencias y retractaciones.
Dentro de ese total se contabilizaron 1.270 denuncias formalizadas. Los delitos más frecuentes fueron lesiones, con 610 casos; desobediencia, con 259; y amenazas, con 184 denuncias.
El informe también da cuenta de la intervención estatal a través de 558 medidas de protección, 269 allanamientos y 76 detenciones realizadas por la Brigada CAVIG. Los datos reflejan una problemática sostenida que requiere respuestas integrales, articuladas y permanentes para garantizar la protección de las víctimas y prevenir nuevas situaciones de violencia.
Dónde denunciar
En San Juan, las denuncias por violencia intrafamiliar y de género pueden realizarse en el Centro de Abordaje y Contención de Violencia Intrafamiliar y de Género (CAVIG) ubicado en calle Rivadavia y avenida Alem, que funciona las 24 horas durante todo el año.
También se encuentra disponible la Línea 144, un servicio gratuito de atención, contención y asesoramiento para personas que atraviesan situaciones de violencia por motivos de género en todo el país. Ante una situación de emergencia, se recomienda comunicarse de inmediato con el 911.
