¿La minería transformará realmente a San Juan o San Juan seguirá adaptándose a las necesidades de las grandes mineras?
La disputa entre dos de los proyectos cupríferos más importantes del país expone un problema que San Juan deberá resolver antes de que comiencen las grandes inversiones: quién controla la infraestructura estratégica y qué beneficios reales recibirá la provincia por el boom minero.
Cuando la minería empieza a competir entre sí
Durante años, San Juan escuchó que la minería sería el gran motor del desarrollo provincial. Se anunciaron miles de puestos de trabajo, inversiones multimillonarias y una transformación económica sin precedentes.
Sin embargo, antes de que muchos de esos proyectos entren en producción, ya comenzó una pelea por uno de los recursos más importantes para cualquier emprendimiento de gran escala: la energía eléctrica.
El proyecto Vicuña solicitó prioridad para utilizar la infraestructura eléctrica de 500 kV y ampliar la capacidad de transporte para abastecer inicialmente una demanda cercana a los 260 MW, con proyecciones mucho mayores a futuro. Esa solicitud despertó la oposición del proyecto Los Azules y también la intervención del EPRE de San Juan, que advirtió que ninguna empresa puede tener ventajas que perjudiquen al resto de los emprendimientos ni a los usuarios sanjuaninos.
La discusión ya no gira únicamente sobre minería.
Se trata de quién utilizará una infraestructura estratégica construida con planificación pública y bajo qué condiciones.
Una riqueza enorme… con deudas pendientes
San Juan posee algunos de los mayores yacimientos de cobre del mundo.
Eso nadie lo discute.
Tampoco se pone en duda que los proyectos Vicuña, Los Azules, El Pachón o Altar podrían cambiar el perfil exportador de la provincia durante las próximas décadas.
La pregunta es otra.
¿Cambiarán también la calidad de vida de los sanjuaninos?
Hasta ahora, la respuesta genera más dudas que certezas.
Mientras tanto, las empresas negocian cientos de megavatios de energía para producir cobre destinado principalmente a los mercados internacionales.
El Estado frente a las grandes empresas
En este conflicto, el EPRE adoptó una posición que merece atención.
El organismo sostuvo que acompaña el desarrollo minero, pero rechazó que la infraestructura eléctrica existente quede reservada para un solo proyecto o que los costos de expansión terminen siendo afrontados por los usuarios sanjuaninos. También planteó que las nuevas obras deben beneficiar a toda la provincia y permitir el acceso futuro de otros emprendimientos.
Es una discusión que excede lo técnico.
Habla de soberanía sobre la infraestructura.
Habla de planificación.
Y, sobre todo, habla de igualdad de condiciones.
La gran oportunidad… y el gran riesgo
La minería puede representar una oportunidad histórica para San Juan.
Pero también puede convertirse en una actividad que genere enormes exportaciones mientras deja escasos beneficios permanentes para la economía local.
El desafío consiste en que las inversiones no se limiten únicamente a las minas.
También deben traducirse en energía para el desarrollo provincial, rutas, proveedores locales fortalecidos, capacitación laboral, infraestructura, ciencia, tecnología y mejores condiciones de vida para quienes viven en San Juan.
Si las discusiones empiezan porque falta capacidad eléctrica para abastecer a todos los proyectos, significa que el crecimiento será mucho mayor al previsto.
Pero justamente por eso resulta indispensable que la planificación se haga pensando primero en la provincia y después en los intereses particulares de cada compañía.
La verdadera discusión
La pelea entre Vicuña y Los Azules no es solamente una disputa empresarial.
Es una señal de lo que viene.
Porque la verdadera riqueza minera no debería medirse únicamente por las toneladas de cobre que salgan de la cordillera.
Debería medirse por la cantidad de empleo genuino, desarrollo productivo, infraestructura y bienestar que permanezcan en la provincia cuando los minerales ya no estén.
Hoy la energía es el centro de la discusión.
Mañana será el agua, las rutas, los proveedores y la distribución de los beneficios.
La pregunta sigue siendo la misma: ¿la minería transformará realmente a San Juan o San Juan seguirá adaptándose a las necesidades de las grandes mineras?
