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El amor no es una visita: por qué las terapias intensivas deben ser abiertas

“Mi mamá está atrapada en su cuerpo. Y sola.” Con esas palabras, Sonia Parisí comenzó hace semanas un pedido público para que le permitieran acompañar a su madre, internada en la terapia intensiva del CIMYN (San Juan) con síndrome de enclaustramiento, un estado en el que la persona está completamente consciente pero sin posibilidad de moverse ni hablar.
Ese pedido —humano, directo, desesperado— se volvió viral. Y logró lo impensado: su madre fue trasladada a terapia intermedia, donde hoy puede recibir acompañamiento familiar constante.
Pero esta historia no termina ahí. Al contrario: abre una discusión urgente que atraviesa hospitales y familias de todo el país. ¿Por qué todavía, en pleno siglo XXI, la mayoría de las terapias intensivas siguen siendo espacios cerrados al afecto? ¿Qué lugar ocupa la salud emocional en la recuperación de un cuerpo en crisis?
“No queremos privilegios. Queremos humanidad” Sonia Parisí también redactó una respuesta formal al protocolo entregado por el CIMYN a las familias de pacientes internados en UTI. En ese texto, detalla con claridad y respeto cómo los protocolos actuales desconectan al paciente de su red emocional.
No lo hacen por maldad. Lo hacen por costumbre. Por norma. Por miedo a romper lo establecido. Pero el daño es real: internaciones solitarias, silenciosas, que agravan el sufrimiento y postergan la recuperación.
Sonia y su familia pidieron acompañar a su madre hasta el final, no solo por amor, sino porque sabían —y vieron— que su presencia podía marcar una diferencia real.
Cuando el equipo médico entiende el valor del vínculo
Desde 2023, la Clínica El Castaño, en San Juan, implementa un Programa de Terapia Intensiva a Puertas Abiertas. Lo hace con decisión y convicción.
María Salinas, trabajadora social y coordinadora del Servicio de Salud Mental, cuenta cómo esta transformación nació del paradigma de salud mental comunitaria y del aprendizaje que dejó la pandemia:
“La internación no puede vivirse como un castigo ni en soledad. El acompañamiento socioafectivo mejora el estado clínico, previene caídas, errores, y fortalece la comunicación entre el equipo y las familias. La salud es biológica, pero también emocional, histórica y social.”
En El Castaño, el equipo es verdaderamente interdisciplinario: médicos, enfermeros, kinesiólogos, nutricionistas, psicólogos, acompañantes terapéuticos, personal de orientación, especialistas en neurología, psiquiatría y trabajo social trabajan junto a los protagonistas: el paciente y su entorno afectivo.
El director médico, Dr. Fabián Chávez, fue quien apostó a hacer esto posible. Hoy, lo real es que funciona.

Lo que aprendimos con este caso

  1. El acompañamiento familiar en UTI no es un capricho emocional. Es una herramienta terapéutica.
  2. El aislamiento institucional puede causar más dolor que la enfermedad misma.
  3. El sistema debe escuchar a quienes transitan la internación, no solo a quienes la gestionan.
  4. Hay experiencias concretas, como la de El Castaño, que prueban que otra atención es posible.
  5. El protocolo puede ajustarse a la humanidad. No al revés.

Terapias abiertas en Argentina: una deuda que empieza a saldarse
En nuestro país, el debate sobre la humanización de las terapias intensivas comenzó a visibilizarse con fuerza a partir de los años 2000, influido por cambios legislativos y por el movimiento global hacia una medicina más centrada en el paciente. Un punto de inflexión fue la sanción de la Ley Nacional de Salud Mental N.º 26.657, que define la salud como un proceso integral, determinado por factores biológicos, psicológicos, sociales y culturales.
Desde ese marco, las terapias abiertas —que permiten el ingreso de familiares a las unidades críticas— comenzaron a impulsarse en algunas instituciones públicas y privadas, aunque de manera desigual en el territorio nacional.
Durante la pandemia por COVID-19, la necesidad de revisar los protocolos se hizo más evidente: el aislamiento extremo dejó secuelas psicológicas profundas, tanto en pacientes como en familiares. Fue en ese contexto que clínicas como El Castaño, en San Juan, comenzaron a transformar sus prácticas, reconociendo que el vínculo afectivo no es un obstáculo, sino un recurso terapéutico clave.
Hoy, algunas provincias —como Santa Fe, Córdoba, Mendoza y Buenos Aires— registran experiencias piloto de UTI abiertas, pero falta una política nacional que garantice este modelo de atención como un derecho, no como una excepción. La mayoría de las instituciones siguen regidas por protocolos estandarizados que priorizan la organización interna por sobre el bienestar emocional del paciente.

Un cierre con voz propia
“Queremos colaborar para que nuestros pacientes no sufran más de lo que ya les toca sufrir. No criticamos. Solo pedimos que el sistema entienda que el paciente es parte de una historia familiar, de un bioma, no una entidad aislada. La internación debe vivirse de la manera más humana, amable y amorosa posible.”— Sonia Parisí

Una causa que interpela a toda la Argentina
Por estas situaciones, que se viven a diario en distintos rincones del país, donde un ser querido, un amigo, un padre o un hijo se encuentra en una UTI, hacemos un llamado urgente:
Que las unidades de terapia intensiva en Argentina se abran al acompañamiento familiar bajo criterios de salud integral. Que se reconozca el derecho a cuidar, no solo a ser cuidados. Que la empatía no sea excepción, sino regla. Porque el amor no es una visita. Es parte de la cura.