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A causa de la crisis farmacéutica los jubilados que deben elegir qué remedio tomar

En un contexto de aumentos desmedidos y deudas estatales millonarias, en contacto con Elementos FM Mauricio Barceló, empresario del sector y ex titular de la Cámara Farmacéutica de San Juan, advierte sobre un sistema de salud deficiente y el impacto devastador en los sectores más vulnerables. El profesional advierte un panorama sombrío donde los medicamentos, lejos de ser un bien esencial, se están volviendo «inaccesibles para gran parte de los argentinos». Lo que antes era un trámite cotidiano de salud, hoy se ha convertido en una carrera de obstáculos marcada por la desregulación, el fin de programas de asistencia y una inflación que golpea directamente en la calidad de vida de los sectores más desprotegidos.

El fin del Plan Remediar, que garantizaba la cobertura total de decenas de moléculas esenciales, es apenas la punta del iceberg de un problema estructural. Aunque Barceló aclara que este era un plan de alcance limitado en comparación con otros, su eliminación obliga a los pacientes a desembolsar dinero por fórmulas que antes recibían sin costo. Sin embargo, el centro de la tormenta se sitúa en el PAMI, la obra social más grande de Sudamérica, cuya situación financiera está arrastrando a las farmacias al colapso. «Hoy ya no hay medicamentos al 100% descuento en PAMI», advierte Barceló, señalando que la quita de coberturas, sumada a una deuda estatal que oscila los 500 mil millones de pesos, ha generado un cuello de botella insostenible.

Para las farmacias, especialmente aquellas que son «PAMI dependientes», el desfasaje financiero es una sentencia de muerte lenta. Mientras los comercios deben abonar a las droguerías en un plazo máximo de 28 días, el Estado está pagando con un atraso de tres meses. Esto ha provocado que muchos establecimientos dejen de atender a la obra social, sobrecargando a los pocos que aún resisten. El farmacéutico se ve forzado a un rol que no le corresponde: el de decidir, junto al afiliado, qué patología puede esperar. «Un afiliado llevaba un antiinflamatorio por un golpe y dijo: ‘Prefiero aguantarme el dolor y tomar el medicamento para la presión, este no me lo des», relata con crudeza Barceló.

En un contexto de guerras en diferentes lugares del mundo y de políticas nacionales inestables que no discriminan a quienes afectan, el empresario señaló que «el medicamento es algo que no puede faltar, porque si una persona no puede comer carne todos los días, comerá otro tipo de alimento más económico. Ahora, para el medicamento, tarde o temprano tiene que caer en la farmacia y ahí se presenta un problema».

 El país se ubica entre los más caros de la región para adquirir medicación, una realidad alimentada por la dependencia de drogas importadas y el impacto directo del precio del petróleo en la logística. En este escenario, el consumo de psicofármacos ha escalado hasta posicionar a la Argentina como el primer consumidor mundial de antidepresivos y sedantes en proporción a sus habitantes. «La salud de nuestro país no está bien», señala el empresario vinculando directamente el padecimiento psíquico con la angustia que genera la inestabilidad económica y social.

Con tratamientos de salud mental que superan los 80.000 o 90.000 pesos por mes y la insulina, un insumo de «vida o muerte», está sujeta a los vaivenes de laboratorios extranjeros. El acceso a la salud pública y gratuita, pilar histórico de la clase media argentina, hoy parece estar en jaque. Ante este escenario, el farmacéutico sostiene que el rol del genérico surge como un «salvataje» necesario, aunque la industria nacional y las patentes extranjeras sigan pujando en una guerra geopolítica que rara vez tiene al paciente como prioridad.

Finalmente, Barceló describe un sistema donde la brecha entre la prescripción médica y la posibilidad de compra es cada vez más ancha, dejando a los ancianos y enfermos crónicos a merced de una economía que ha dejado de verlos.