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La industria de San Juan en la encrucijada: el drama detrás de los números

El panorama del sector que, históricamente, ha sido el motor del desarrollo provincial hoy es complejo. Una combinación de retracción del mercado interno, aumento desmedido de costos operativos y un cambio en las reglas de juego nacionales que ha dejado a las fábricas sanjuaninas pedaleando en el aire.

 Leonardo de la Vega, presidente de la Unión Industrial de San Juan (UISJ) sostiene que la industria local enfrenta un estrangulamiento financiero y operativo que ya no se puede disimular. El estancamiento no es una sensación, sino el resultado de variables que golpean de frente. De la Vega apunta que la falta de acceso al crédito, la presión impositiva que no da tregua y, fundamentalmente, la caída vertical de la demanda, han configurado una «tormenta perfecta».

“Hoy la prioridad no es el crecimiento, es la supervivencia”, advierte De la Vega. Según el referente industrial, las decisiones del Gobierno nacional han impactado de lleno en la estructura de costos de las pymes locales. La apertura comercial, lejos de fomentar la competitividad, ha puesto a las empresas en una situación de vulnerabilidad extrema frente a productos importados, mientras los costos de servicios y logística se disparan a niveles que rozan lo prohibitivo. Para el dirigente, es urgente “igualar la cancha” para que el productor local no compita en desventaja total contra el mundo.

De la Vega también resalta la delicada situación que viven las familias sanjuaninas que ven amenazado su sustento. Las cifras que maneja la entidad son tajantes: en el último año, la actividad industrial en la provincia registró una caída de entre el 10% y el 15% tanto en ventas como en empleo. Sobre un universo de 14.500 puestos directos, esto implica que cerca de 2.000 trabajadores han quedado fuera del sistema o están en la cuerda floja. “Estamos re contra vapuleados”, admite De la Vega, señalando que el industrial hoy se enfoca en sostener la mano de obra calificada que ya posee, porque “cuando una fábrica baja la persiana, se rompe un tejido social que llevó décadas construir”.

El presidente de la UISJ es escéptico respecto a que medidas aisladas, como la reforma laboral, traigan alivio inmediato si no hay un plan de desarrollo de fondo. “Ninguna industria va a contratar más empleados si no vende más”, remarca. La capacidad ociosa en las plantas promedia el 50%, lo que significa que la mitad de las máquinas están paradas, esperando una reactivación del consumo que no llega.

Para el cierre, el diagnóstico deja una advertencia clara. Sin una política que contemple la particularidad de las economías regionales y alivie la carga de impuestos distorsivos, el desierto productivo será inevitable. “Hoy no hay nada para festejar”, concluye De la Vega. San Juan espera respuestas mientras sus chimeneas resisten el embate de una crisis que, por ahora, parece no haber encontrado su piso.