¿Qué fue a hacer el jefe de la CIA a Moscú?
El reciente viaje a Moscú del director de la CIA John Ratcliffe coincide con crecientes indicios de una posible escalada de la guerra, mientras el ejército ruso se empantana en el frente ucraniano. La última vez que un jefe de los espías de Estados Unidos pisó Rusia fue en noviembre de 2021, tres meses antes de la invasión a gran escala.
El director de la CIA John Ratcliffe se reunió el martes 25 en Moscú con los jefes de los servicios rusos, aunque no se entrevistó con el presidente Vladimir Putin. El gobierno de Estados Unidos le avisó a Ucrania que enviaba una delegación de alto nivel y le pidió que suspendiera sus ataques con drones y misiles sobre Moscú, San Petersburgo y regiones del norte ruso entre el lunes 24 y el miércoles 26.
El vocero del Kremlin Dmitri Peskov comunicó contactos “a través de los servicios especiales”, a los que calificó como un “un fenómeno positivo”, al tiempo que advirtió que es prematuro saber si sacará la relación bilateral de la crisis profunda en la que está. Ucrania todavía no recibió el informe que Washington le prometió sobre esas reuniones. Como ya sucedió durante la cumbre de Alaska, Trump y Putin negocian sobre Ucrania, sin Ucrania.
El presidente norteamericano Donald Trump relativizó el viaje de su jefe de inteligencia en una entrevista radial y lo caracterizó como “medio de rutina”. A su vez auguró que “algo puede salir” del encuentro. El verborrágico mandatario se guardó la respuesta sobre el motivo. Según The Wall Street Journal, Ratcliffe viajó después de que la inteligencia estadounidense detectara preparativos de una nueva movilización rusa y planes para poner a prueba la determinación de la OTAN. Beth Sanner, exsubdirectora de Inteligencia Nacional, resumió el mensaje probable: “sabemos lo que están pensando hacer y más vale que no lo hagan“. Politico agregó una presión sobre Moscú para que corte su apoyo a Teherán, cuyo control sobre el Estrecho de Ormuz condiciona el valor del petróleo a nivel mundial.
Según CNN, el telón de fondo es una evaluación de inteligencia difundida a comienzos de agosto que sostiene que Putin podría intentar una acción limitada contra un país de la OTAN, en particular sobre los países bálticos. El objetivo no sería tomar territorio sino fracturar la alianza. Ante la consulta sobre estas hipótesis del temario abordado en la reunión en Moscú, Trump respondió “nada de eso”. Mientras tanto, los arsenales norteamericanos quedaron desgastados por cuatro años de envíos a Ucrania y por la guerra contra Irán.
El enviado del Papa León XIV
El jefe de la CIA no fue el único emisario que aterrizó en Moscú ese martes. Monseñor Paul Richard Gallagher, secretario para las Relaciones con los Estados y canciller de hecho de León XIV, llegó el lunes 24 para una misión de cinco días. Su viaje anterior a Rusia también había sido en noviembre de 2021. Los dos canales que Washington y el Vaticano habían dejado abiertos antes de la invasión se reactivaron la misma semana.
Gallagher se reunió con el canciller Serguéi Lavrov durante más de una hora. “Creemos que el diálogo es más importante que nunca y que el mundo necesita la diplomacia más que nunca”, dijo al comenzar el encuentro. Lavrov respondió que Rusia mantuvo con el Vaticano un diálogo “de confianza y respeto mutuo”. Al día siguiente el arzobispo fue recibido por Yuri Ushakov, asesor de Putin para política exterior.
“Esta guerra debe terminar”, afirmó monseñor Gallagher. La ONU registró 437 civiles muertos en Ucrania en julio de 2026, la cifra mensual más alta desde junio de 2022, contra 298 en junio; los heridos pasaron de 2.041 a 2.610. Rusia viene intensificando los ataques sobre civiles, como recientemente en un centro comercial de Krivói Rog, en la región de Dnipropetrovsk.
Elecciones, movilización y una economía en rojo
El Kremlin tiene su propio calendario. El 18 de septiembre arrancan las elecciones a la Duma. El presidente ucraniano Volodimir Zelensky afirmó que, apenas terminen, Rusia movilizará unas 300.000 personas en 2026 y buscará llegar a 500.000 en 2027, en lo que describió como una “movilización periférica”, lejos de las grandes ciudades. Los rusos niegan que haya una decisión tomada.
El PBI ruso cayó 0,3% interanual en el primer trimestre de 2026, primer retroceso en tres años, mientras el déficit federal trimestral trepó a 4,6 billones de rublos, 2,3 veces el de 2025. Defensa y Seguridad Nacional absorben cerca del 38% del gasto, unos 7 puntos del PBI. El cierre del estrecho de Ormuz, que llevó el petróleo Urals a 95 dólares el barril en abril, le dio a Moscú una renta extraordinaria que amortiguó las sanciones. La guerra contra Irán terminó financiando al invasor de Ucrania.
“La caja de Pandora”
En el frente de batalla, los rusos están empantanados por la tenaz resistencia nacional ucraniana y el apoyo de la OTAN a sus Fuerzas Armadas. La ofensiva de primavera-verano no logró avances operativamente significativos y julio fue el mes de mayor tasa de bajas de 2026, según el Institute for the Study of War. El 25 de agosto, mientras Ratcliffe estaba en la ciudad, Rusia lanzó misiles balísticos Iskander-M, antirradar Kh-31P y 150 drones; Ucrania avanzaba levemente en los ejes de Kupiansk y Borova.
La guerra se mudó a la retaguardia económica. La campaña ucraniana de drones de largo alcance dañó a múltiples refinerías de petróleo. El 16 de agosto solo el 28,1% de las estaciones de servicio rusas tenía nafta o gasoil, contra 41% una semana antes. Hay racionamiento en Moscú, prohibición de exportar combustibles y crudo enviado a refinar a Kazajistán. Putin respondió que Kiev abrió una “caja de Pandora” y prometió golpear los sectores económicos más sensibles de Ucrania. Siempre está latente la amenaza nuclear. Es la misma espiral de escalada de hace un año, ahora con la energía y los alimentos como campo de batalla.
Puertos, granos y hambre
Moscú ya cumplió la amenaza. Ucrania recortó 54% su previsión de exportaciones agrícolas 2026-2027, de 64,4 a 29,6 millones de toneladas y la de trigo de 17,6 a 8,3 millones. Solo en julio hubo 57 buques atacados y 67 impactos sobre instalaciones portuarias, contra 14 barcos en todo 2025. Los ataques ucranianos, a su vez, dejaron fuera de servicio más del 90% de la capacidad exportadora de granos rusa en la cuenca Azov–Mar Negro.
Dos de los mayores graneros del planeta salieron del mercado a la vez. Oxford Economics proyecta un alza de 11,8% en los precios mundiales de los alimentos en 2026 y otro 4,8% en 2027. La factura la pagan los pueblos que importan trigo en África y Medio Oriente. Para América Latina el efecto es doble: mejores precios para los exportadores argentinos y brasileños y más inflación de alimentos para las mayorías.
El águila, el dragón y el oso
Detrás de cada gesto de Trump hacia Moscú late la obsesión de separar a Rusia de China, para concentrar fuerzas contra Pekín. “Voy a tener que desunirlos”, dijo antes de asumir su segundo mandato. Pero, al menos de momento, no es posible ver una grieta que explotar y la dependencia rusa de China creció durante la guerra. Pekín amplió su apoyo a Moscú en 2025 y profundizó la cooperación en 2026.
Los mandarines chinos miran el tablero con paciencia. Cada mes que Rusia y Ucrania se desangran en el frente de batalla, es un mes en que Washington no puede volcar su atención de lleno al Indo-Pacífico. La tregua comercial de Busan sigue viva, con aranceles al 31% y suspensión hasta el 10 de noviembre, pero nadie confunde una pausa con una paz duradera.
Los viajes del director de la CIA y del canciller vaticano no abren un proceso de paz. Confirman que los canales se activan porque hay un temor de algo peor. Una movilización que alargue la guerra, un incidente en el flanco oriental de la OTAN o nuevos golpes a un mercado energético que abra las puertas a una crisis económica mundial.
