Tierras raras: la oportunidad estratégica que también abre interrogantes ambientales y económicos para Argentina
Argentina empieza a mirar con mayor atención un grupo de minerales considerados estratégicos para la tecnología y la transición energética. El potencial geológico despierta interés, pero su explotación también plantea riesgos ambientales, desafíos tecnológicos y una discusión central: cómo evitar que el país vuelva a limitarse a extraer y exportar recursos sin desarrollar una cadena de valor propia.
Las tierras raras comenzaron a ocupar un lugar cada vez más importante en la agenda minera argentina. Son 17 elementos —15 lantánidos, además del escandio y el itrio— utilizados en numerosas tecnologías modernas, desde dispositivos electrónicos hasta motores eléctricos y generadores de energía eólica.
Su importancia estratégica está relacionada con la transición energética y con la disputa internacional por el control de minerales críticos. Pero detrás de la oportunidad económica existe otra realidad que no puede quedar fuera del debate: extraer y procesar tierras raras puede generar impactos ambientales importantes si no existen controles rigurosos y tecnologías adecuadas.
Un potencial que todavía necesita ser comprobado
Un informe reciente del Servicio Geológico Minero Argentino (SEGEMAR) identificó alrededor de 190.395 toneladas de recursos de tierras raras en Argentina y señaló la existencia de indicios en diferentes regiones del país.
Entre las zonas mencionadas aparecen Salta, Jujuy, San Luis, Santiago del Estero y Córdoba. El relevamiento también identificó indicios en sectores todavía no evaluados de Valle Fértil, San Juan.
Este último dato es importante: que exista una mineralización o un indicio geológico no significa que haya una reserva económicamente explotable. Antes de pensar en una explotación comercial se necesitan campañas de exploración, estudios de concentración, tonelaje, infraestructura disponible, costos y evaluación ambiental.
Por eso, en el caso sanjuanino, todavía corresponde hablar de potencial geológico y no de una mina de tierras raras.
¿Para qué sirven?
El interés mundial por estos minerales no es casual.
Algunos elementos, como el neodimio y el praseodimio, son fundamentales para fabricar imanes permanentes de alta potencia. Estos componentes pueden utilizarse en motores eléctricos, generadores eólicos y distintas aplicaciones tecnológicas.
También tienen usos en electrónica, telecomunicaciones, equipamiento médico, industria aeroespacial y otros sectores considerados estratégicos.
Esto explica por qué distintos países buscan asegurar el abastecimiento de estos minerales y reducir su dependencia de proveedores externos.
Para Argentina, la posibilidad de desarrollar este sector podría significar una nueva oportunidad de inserción en las cadenas de suministro vinculadas con la tecnología y la transición energética.
Pero ahí aparece el primer gran interrogante: ¿Argentina va a extraer tierras raras para venderlas como materia prima o intentará desarrollar también su procesamiento?
El problema de extraer y exportar sin valor agregado
Las tierras raras no se convierten automáticamente en tecnología una vez extraídas.
El proceso requiere separación, refinamiento y tratamiento de los distintos elementos. Es justamente en esas etapas donde se encuentra buena parte del conocimiento tecnológico y del valor económico.
Si Argentina se limita a extraer el mineral y enviarlo al exterior para su procesamiento, podría repetir un modelo conocido en otras actividades extractivas: exportar recursos naturales y comprar productos terminados de mucho mayor valor.
Por eso, el debate sobre las tierras raras debería incluir no solamente cuánto se puede extraer, sino también qué infraestructura industrial y científica necesita el país para procesarlas.
La discusión sobre el Código de Minería y la posible incorporación de estos minerales a regímenes de incentivo a las inversiones, incluido el RIGI, agrega otra dimensión: definir qué beneficios económicos obtiene el Estado y qué compromisos asumen las empresas que eventualmente desarrollen los proyectos.
El lado oscuro: los riesgos ambientales
La discusión sobre tierras raras tampoco puede separarse de sus posibles impactos ambientales.
La minería de estos minerales genera residuos y relaves que deben ser gestionados cuidadosamente. El procesamiento puede involucrar sustancias químicas y producir grandes cantidades de material residual.
Además, algunos minerales que contienen tierras raras pueden estar asociados naturalmente con torio y uranio. El USGS advierte que la presencia de estos elementos puede generar problemas específicos en la gestión de residuos mineros: el torio y sus productos de desintegración pueden movilizarse a través del polvo y la erosión de los relaves, mientras que el uranio puede presentar vías de movilidad hacia aguas superficiales y subterráneas bajo determinadas condiciones.
Esto no significa que toda explotación de tierras raras vaya a producir contaminación radiactiva. El riesgo depende de la composición del yacimiento y de las características del proceso minero. Precisamente por eso, cada proyecto necesita estudios específicos antes de avanzar.
Agua, residuos y contaminación
Otro de los puntos sensibles es el agua.
El procesamiento de minerales puede generar efluentes y residuos que, si no son adecuadamente tratados y contenidos, pueden afectar cursos de agua y acuíferos.
El USGS identifica la contaminación de aguas y sedimentos como una de las principales vías mediante las cuales las operaciones de tierras raras pueden afectar los ecosistemas acuáticos. También señala que todavía existe conocimiento limitado sobre la toxicidad de las tierras raras en organismos acuáticos.
Esto resulta especialmente relevante en regiones áridas como San Juan, donde el agua es un recurso estratégico para las poblaciones, la producción agropecuaria y otras actividades económicas.
Por eso, cualquier eventual proyecto en Valle Fértil debería partir de una línea de base ambiental sólida que permita conocer previamente el estado de los acuíferos, cursos de agua, suelos, flora, fauna y actividades productivas.
El propio SEGEMAR considera que este tipo de información ambiental es fundamental para determinar la fragilidad de los territorios frente a distintas actividades, incluida la minería.
El riesgo de abrir una carrera extractiva
Otro aspecto que merece atención es la velocidad con la que podría desarrollarse la exploración.
La presión internacional por minerales críticos puede generar fuertes incentivos económicos para acelerar proyectos. Sin embargo, que un mineral sea estratégico para la industria mundial no significa que cualquier proyecto de extracción sea conveniente para el territorio donde se encuentra.
La declaración de un recurso como estratégico no debería reemplazar la evaluación ambiental, los controles estatales ni la discusión con las comunidades involucradas.
En el caso de San Juan, esto adquiere particular relevancia porque el indicio mencionado por SEGEMAR en Valle Fértil todavía requiere investigación. Antes de hablar de explotación, hay una etapa previa fundamental: conocer qué hay realmente en el subsuelo y qué impacto tendría extraerlo.
Una oportunidad, pero no a cualquier precio
Las tierras raras pueden convertirse en una oportunidad para Argentina.
Pueden atraer inversiones, generar conocimiento científico, abrir nuevas actividades industriales y posicionar al país dentro de las cadenas vinculadas con la transición energética y la tecnología.
Pero también pueden convertirse en otro capítulo de una economía basada en la extracción de recursos naturales si el país no desarrolla capacidad para procesarlos y generar valor agregado.
Y existe una segunda discusión, todavía más importante: cuál será el costo ambiental de esa explotación y quién asumirá los riesgos si algo sale mal.
Argentina necesita conocer sus recursos. La exploración científica puede aportar información estratégica y permitir tomar decisiones con mayor conocimiento.
Pero entre conocer un recurso y explotarlo existe una diferencia fundamental.
En el caso de las tierras raras, el desafío será encontrar un equilibrio entre inversión, soberanía sobre los recursos, desarrollo tecnológico, empleo, valor agregado y protección ambiental.
Porque la verdadera pregunta no es solamente si Argentina tiene tierras raras.
La pregunta es qué hará con ellas, quién se beneficiará de su explotación y bajo qué condiciones ambientales y sociales se permitirá extraerlas.
