Heladas tardías en San Juan: qué cultivos están más expuestos y cómo pueden reducirse los daños
El ingeniero agrónomo, docente e investigador de la UNSJ Cristian Albors explicó por qué las heladas de septiembre pueden afectar especialmente a los cultivos de brotación temprana.
Las heladas tardías son uno de los riesgos climáticos que más pueden afectar a la producción agrícola de San Juan durante el inicio de la primavera. Aunque las temperaturas bajo cero son más frecuentes durante el invierno, cuando se producen en agosto, septiembre e incluso octubre pueden encontrar a determinados cultivos en etapas de brotación o floración y provocar importantes pérdidas.
El ingeniero agrónomo, docente e investigador de la Universidad Nacional de San Juan (UNSJ), Cristian Albors, explicó en Xama U que una helada se produce cuando la temperatura desciende por debajo de los 0 °C y puede generar daños en los cultivos. Se las denomina “tardías” cuando ocurren después del período del año en el que se concentra la mayor cantidad de heladas, principalmente durante junio y julio.
En San Juan, el riesgo no es igual para todos los cultivos. Según Albors, las características del suelo, las plantas y el lugar donde se encuentra una producción hacen que las heladas sean fenómenos particularmente locales.
Uno de los ejemplos más vulnerables es el almendro. Algunas variedades comienzan su floración hacia finales de agosto, por lo que una helada durante los primeros días de septiembre puede encontrarlas en una etapa de desarrollo especialmente sensible.
“Una helada como la que sucedió en la primera quincena de septiembre lo encuentra en un estado fenológico en el cual es muy susceptible”, explicó Albors. Dependiendo de la intensidad del fenómeno, el daño puede llegar a comprometer la totalidad de la cosecha de ese año.
La importancia de anticiparse
Frente a este riesgo, el seguimiento de los pronósticos y las alertas meteorológicas se convierte en una herramienta fundamental para los productores. Actualmente existen diferentes sistemas que permiten conocer con anticipación la posibilidad de temperaturas bajo cero.
Albors señaló que, además de las alertas tempranas del Servicio Meteorológico Nacional, existen servicios gratuitos del INTA y de universidades que difunden información a través de distintos canales, incluso con varios días de anticipación.
Contar con esa información permite preparar las medidas necesarias para reducir el impacto. Sin embargo, el investigador aclaró que no existe un único método de protección que pueda aplicarse a todas las producciones, ya que las decisiones dependen de las características y la rentabilidad de cada cultivo.
Los mecanismos de protección pueden dividirse en métodos activos y pasivos. Entre los primeros se encuentran los calefactores, los sistemas de riego por aspersión y los grandes ventiladores utilizados para mezclar las masas de aire. Se trata de alternativas que requieren inversiones y cuya conveniencia debe evaluarse de acuerdo con el rendimiento y la rentabilidad esperada.
“Primero, el productor debe preguntarse si la producción va a amortizar el rendimiento, la calidad y la ganancia económica”, señaló Albors.
Los métodos pasivos, en cambio, están vinculados con decisiones de planificación que pueden tomarse incluso antes de instalar una producción. Entre ellas se encuentran la elección del lugar donde se ubicará una finca y la selección de variedades que presenten una brotación más tardía.
Una vez implantado el cultivo, también existen medidas que pueden contribuir a disminuir los daños. Una de ellas es el riego previo a una helada, ya que el suelo húmedo puede almacenar el calor recibido durante el día y liberarlo lentamente durante la noche.
El caso de la vid
La vid también puede verse afectada de manera diferente según la variedad y el destino de la producción. De acuerdo con Albors, durante la última helada de septiembre las variedades de brotación temprana destinadas a pasas o consumo en fresco fueron las más expuestas.
En cambio, las variedades destinadas a la elaboración de vino o mosto recién comenzaban su brotación, por lo que tuvieron mayores posibilidades de escapar al fenómeno, aunque todavía deben evaluarse posibles daños internos.
El investigador explicó que este comportamiento estuvo relacionado con las condiciones particulares de este año. Un trabajo realizado junto a la Cátedra de Viticultura y la Cátedra de Climatología Agrícola, con la participación de la Dra. Beatriz Pugliese, permitió observar que se cumplieron las horas de frío necesarias para que muchas variedades iniciaran su ciclo de brotación.
Las horas de frío funcionan como una señal del invierno para la planta. Una vez cumplido ese requerimiento, determinados factores pueden estimular el inicio de la brotación. En este caso, según Albors, los vientos Zonda registrados durante agosto favorecieron un comienzo anticipado del proceso.
